Definición

La colonialidad del poder es la categoría inaugural del giro descolonial latinoamericano, formulada por Aníbal Quijano en una serie de ensayos publicados desde comienzos de los años noventa —“Colonialidad y modernidad-racionalidad” (1992), “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina” (2000)— y desarrollada colectivamente por el grupo modernidad-colonialidad junto con Walter Mignolo, Enrique Dussel, María Lugones, Nelson Maldonado-Torres y Ramón Grosfoguel. La categoría distingue conceptualmente el colonialismo, entendido como situación histórica específica de dominación política formal de una metrópoli sobre territorios coloniales, de la colonialidad, entendida como el patrón de poder que emergió con la conquista de América en 1492 y que sobrevive a los procesos de independencia formal manteniéndose como estructura constitutiva del orden mundial capitalista contemporáneo. La tesis fundamental es que la modernidad occidental no puede pensarse por separado de la colonialidad: son dos caras de un mismo proceso histórico que Quijano articula bajo la fórmula modernidad/colonialidad. La colonialidad del poder opera mediante la instauración de una clasificación social basada en la idea de raza —invento moderno cuya emergencia Quijano data en el siglo dieciséis— que jerarquiza a los seres humanos según categorías supuestamente naturales (indios, negros, mestizos, blancos) y articula esa clasificación con la división internacional del trabajo, con la geografía política del capitalismo global y con los sistemas de conocimiento eurocéntricos. La colonialidad tiene, entonces, tres dimensiones enlazadas: colonialidad del poder (organización de la explotación y la dominación), colonialidad del saber (jerarquía epistémica que privilegia el conocimiento europeo como universal), y colonialidad del ser (efectos ontológicos de la racialización sobre la subjetividad de los pueblos colonizados). La categoría ha sido decisiva para la teoría social latinoamericana, para los estudios poscoloniales y descoloniales, para las lecturas contemporáneas del racismo estructural, del extractivismo global y del sistema-mundo. Permite pensar la persistencia del colonialismo bajo la forma de estructuras epistémicas, económicas y subjetivas que no desaparecen con la independencia jurídica de las naciones.

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