Definición

La distinción entre redistribución (redistribution) y reconocimiento (recognition) como dos dimensiones analíticamente irreductibles de la injusticia contemporánea fue articulada por Nancy Fraser en el ensayo From Redistribution to Recognition? Dilemmas of Justice in a Postsocialist Age publicado en New Left Review en 1995, e incorporado como texto central en Justice Interruptus. Critical Reflections on the Postsocialist Condition (1997) y posteriormente sometida a discusión sostenida con Axel Honneth en el volumen conjunto Redistribution or Recognition? A Political-Philosophical Exchange (2003). Fraser interviene en el debate teórico-político que atraviesa las últimas décadas del siglo XX con el declive relativo de las gramáticas de redistribución económica heredadas del socialismo y con el ascenso paralelo de las gramáticas de reconocimiento cultural asociadas a los movimientos feministas, antirracistas, LGBTI, indígenas y multiculturales. La tesis de Fraser sostiene que las injusticias contemporáneas presentan dos dimensiones analíticamente distinguibles pero prácticamente entrelazadas. Las injusticias de distribución son injusticias económicas: pobreza, explotación laboral, apropiación desigual del producto social, desigualdad estructural en el acceso a los recursos. Sus remedios políticos son medidas redistributivas: fiscalidad progresiva, ingreso básico, servicios sociales universales, reforma agraria, propiedad colectiva. Las injusticias de reconocimiento son injusticias culturales o simbólicas: patrones institucionalizados de valoración cultural que denigran, invisibilizan o excluyen a ciertos grupos por razones de género, raza, sexualidad, religión, etnicidad. Sus remedios son medidas de reconocimiento: reforma de los marcos legales que codifican la discriminación, transformación de las representaciones culturales dominantes, políticas de la diferencia. Fraser sostiene contra el reduccionismo economicista clásico y contra el culturalismo posmoderno reciente que ambas dimensiones son igualmente fundamentales y que la mayoría de las colectividades históricas reales —la clase obrera, las mujeres, los pueblos afrodescendientes— son colectividades bidimensionales, sujetas simultáneamente a ambos tipos de injusticia, cuyos remedios requieren articulaciones cuidadosas para evitar los efectos contraproducentes de estrategias que abordan solo una dimensión. La paridad participativa opera como criterio normativo unificador entre ambas dimensiones, y Fraser añade posteriormente una tercera dimensión política de representación en Scales of Justice (2008).

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