Definición

La eudaimonía, término griego traducido tradicionalmente como felicidad pero cuyo sentido excede considerablemente la connotación subjetiva y afectiva que la palabra española adquiere en el uso moderno, constituye el fin último de la vida humana según la ética aristotélica expuesta en la Ética a Nicómaco (Ethiká Nikomácheia, compuesta hacia el 335 a.C.). Aristóteles articula el concepto en el libro primero de la obra mediante lo que la tradición ha llamado el argumento de la función (érgon), argumento que procede analógicamente al preguntar cuál sería la función propia del ser humano en cuanto ser humano. Del mismo modo en que el flautista tiene por función tocar bien la flauta, y en que cada órgano corporal tiene por función una operación específica, así el hombre en cuanto tal debe tener una función propia que no puede ser la mera vida vegetativa, compartida con las plantas, ni la vida sensitiva, compartida con los animales, sino la vida racional que le es específica. La eudaimonía consiste, según esta línea argumentativa, en la actividad del alma conforme a la excelencia o virtud (areté) racional, y si son varias las excelencias, conforme a la más perfecta y completa de todas, tesis que suscita en el libro décimo la discusión sobre si la vida contemplativa (bíos theoretikós) es superior a la vida política activa (bíos politikós). La eudaimonía no debe confundirse, por consiguiente, con el placer momentáneo, con la fortuna favorable ni con el reconocimiento social, aunque estos elementos puedan contribuir a su realización, sino que consiste en una actividad estable, desplegada a lo largo de una vida completa, mediante la cual el ser humano actualiza sus potencialidades más altas y las ejerce con excelencia. La eudaimonía aristotélica presenta una arquitectura compleja que integra dimensiones intelectuales, éticas, corporales y sociales, incluyendo bienes exteriores necesarios como la salud, los amigos, cierto grado de riqueza y las condiciones cívicas apropiadas, sin los cuales la actividad virtuosa se dificulta gravemente. El concepto ha sido reelaborado por las diversas escuelas helenísticas, particularmente por los estoicos que reducen la eudaimonía a la sola virtud, y por los epicúreos que la aproximan al placer moderado, y ha vuelto a ocupar un lugar central en la ética contemporánea con el renacimiento de la ética de la virtud en autores como Alasdair MacIntyre y Martha Nussbaum.

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